Después de las debidas presentaciones, pues había personas que era la primera vez que asistían a las actividades del Club, los debidos ajustes preparativos y demás menesteres, nos dispusimos a comenzar nuestra atractiva, bonita y deseada ruta, que consistía nada menos de 71 kilómetros y 650 metros de desnivel.

Comenzamos por pistas en muy buen estado y sin apenas desnivel perfectas para ir tomando contacto con nuestras bicis y calentando las piernas, por lo que la gente estaba muy relajada y conversadora, ya veríamos cuando empezaran las cuestas, je je je je…

 

A los 15 kilómetros llegamos a la localidad de Mazuecos, por la pasamos sin parar. Todos aún teníamos suficiente líquido; el terreno seguía siendo de buen firme y con unas vistas y paisajes muy bonitos con sus campos de cereales en pleno verdor.

La temperatura era buena algo de calor por el sol que nos castigaba, pero con una brisa agradable que nos lo hacía muy llevadero, además llevábamos el río Tajo a nuestro lado casi todo el trayecto regalándonos unas vistas espectaculares.

 

 

Sobre el kilómetro 33 nos desviamos ligeramente para ver una pequeña ermita, un poco más adelante cruzamos el río y nos dirigimos a ver unas bonitas ruinas de la cuidad visigoda de Recopolis situada a un kilometro de la población de Zorita de Canes a la que nos dirigíamos.

Hasta aquí el grupo estaba muy compacto y homogéneo sin muchas diferencias entre la cabeza y la cola, gracias a la ayuda inestimable de Juan Carlos “El Pajarito” que me ayudaba en cada momento dirigiendo la cabeza cuando se lo pedía. De allí nos dirigimos al castillo que encaramado en un altozano en tiempos pasados velaba por la población de Zorita de los Canes, donde nosotros paramos en un agradable y acogedor chiringuito a orillas del Tajo para tomar un refrigerio y reponer fuerzas, pues el calor empezaba a castigarnos.

Repuestas las fuerzas y rellenas las botellas de rica y fresca agua de una fuente cercana, continuamos el camino que nos llevaría a la bonita población de Pastrana, no sin antes sufrir con un par de cuestas con bastante inclinación que nos hicieron sudar un poquito, paramos un rato para recuperar en una especie de Hospedería que  parecía estar sin ningún huésped ya que no se veía mucho movimiento.


Pasamos por Pastrana, localidad bonita y de aspecto medieval, con sus grandes y pendientes calles, desde allí sólo nos quedaba rodar ya casi todo en llano hasta retornar al punto de partida Mondéjar.

La actividad nos salió a pedir de boca, pues todos acabamos en un buen estado físico y con un buen sabor de boca, por todo lo recorrido y vivido; además no tuvimos ninguna incidencia ni un pinchazo siquiera, podíamos decir que fue casi perfecto.

La perfección la alcanzamos en un lugar muy peculiar llamado la Carreta, donde entramos para refrescarnos con unas cervezas fresquitas. Por cierto que nos dejó el amable posadero meter todas las bicis dentro, y allí degustamos y nos agasajamos reponiendo líquidos y calorías consumidas y comentando la proeza realizada.

Después nos dirigimos a la población de Albares, donde teníamos el alojamiento en un hostal sencillo pero muy acogedor donde nos trataron de maravilla y nos dieron una buena y merecida cena.


Ruta 2 – Illiana.
Domingo 21 de Mayo.

Tras un merecido descanso a las 7:30 bajamos al comedor para desayunar y coger fuerzas para el nuevo reto que nos esperaba ese día. Cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos el desayuno que nos tenían preparado: todo tipo de alimentos, para todos los gustos, tortilla de patatas, tostadas con jamón y tomate, bollería, cafés, zumos… En fin una maravilla. Dar las gracias al personal del Hostal Q que nos trataron y atendieron de maravilla por un precio inmejorable.

A las 8:30 después de comprar líquidos y viandas en un pequeño comercio del lugar nos dirigimos en los coches hasta la población de Illana a 25 minutos en coche desde Albares, donde aparcamos y preparamos nuestras monturas para el nuevo reto: 48 kilómetros y 760 metros de desnivel,

El día se levanto bastante nublado y con un viento bastante fuerte y molesto, que en vez de ir a menos cada vez aumentaba más con la dificultad y esfuerzo que eso conlleva para la práctica del ciclismo.

 

Comenzamos a rodar no con pocas dudas por parte de algún compañero que le pesaban un poco los esfuerzos del día anterior, y también la climatología algo adversa que tuvimos la primera parte que discurrió por carreteras con un buen firme y muy poco tránsito por suerte, así nos ayudó a progresar y luchar con el principal enemigo del día: el viento fuerte y las rampas duras a las que nos enfrentábamos. Intentamos ir agrupados tapando un poco el viento a los demás compañeros y enseñando a circular en esas condiciones bajando el cuerpo lo más posible para tener la menor oposición al aire.

Uno de los compañeros se empezó a sentir indispuesto y con muy buen criterio decidió darse la vuelta antes de encontrarse peor por su bienestar y el de los demás ciclistas del grupo.

Y no con poco esfuerzo, llegamos al puerto de Altomira, frontera natural entre Guadalajara y Cuenca, donde paramos a reagrupar y reponer fuerzas después de la brutal batalla contra las pendientes y fuerte viento. E estando allí pasó el compañero que se había dado la vuelta con el coche que se dirigía a visitar otras poblaciones cercanas para pasar el día, lo que aprovechó otra compañera con buen criterio por lo que luego nos esperaba para abandonar y acompañarle pues se encontraba bastante cansada.

Los demás nos dirigimos abandonando la carretera por fin, por una pista de tierra en no muy mal estado y más trabajosa que la carretera que nos condujo a nuestro principal objetivo del día: el mirador de Altomira 1.185 metros el lugar más alto de toda esa sierra a la que da el nombre.

Fueron unos 7 u 8 kilómetros por una zona preciosa pero con unas fuertes rampas que pusieron de nuevo a prueba nuestras piernas, y por fin coronamos y nos encontramos con un mirador privilegiado desde donde se contemplaba toda la Alcarria y las sierras de Guadalajara y Madrid así como los pantanos de Buendía Entrepeñas y Bolarque donde este encajona al Tajo.

Después de reponer fuerzas y debatir experiencias nos dirigimos a hacer el descenso de la sierra. La parte más divertida y técnica del día, por trialeras de medio y alguna de  alta dificultad, por las cuales bajamos disfrutando y con mucho cuidado. Todo discurría bien hasta que uno de nuestros compañeros perdió el control de su bici y acabó en el suelo, después de los protocolos de actuación en estos casos, por suerte sólo fueron contusiones y arañazos del golpe y pudimos seguir la ruta sin más problemas.

Pasando por último por un canal de riego estrecho donde tuvimos que bajarnos de  las bicis y pasar por encima de una valla para terminar de divertirnos con la anécdota.

Ya sólo quedaba bajar al pueblo donde nos esperaban de nuevo unas merecidas cervezas para comentar las mejores jugadas, tras despedirnos cada uno salió para su casa para un merecido descanso después de un maravilloso fin de semana de bicicleta, risas y buena compañía.



Por mi parte agradecer a todos los participantes su compañía, colaboración y esas ganas de pasarlo bien, y en especial a Juan Carlos “El Pajarito” por su inestimable ayuda en todo lo que le pedí, y a Juan Vallés nuestro organizador de BTT por la confianza depositada en mí para gestionar y coordinar la salida en su ausencia, espero que volvamos a hacer muchas más cosas juntos.

Un abrazo para todos,

 

Raúl Calderón

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LUGAR:
Centro Cultural Eduardo Chillida (mapa),
C/ Arroyo Belincoso, 9 - 28030 Madrid (metro Vinateros)
 
HORARIO:
18:30h. a 21:00h. 
(Sólo días concretos, cuando hay reunión presencial) 
 
 

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